—Mi problema, actualmente, es la falta de recursos para concluir. Hace poco me enteré de que se están fabricando, a petición, 10 máquinas como la mía, con nueva tecnología.No le tengo miedo a eso, porque hay una diferencia: yo soy músico, productor, arreglista, instrumentista… *** Para comprender todo ese amor —amor verdadero y no moda— por los vinilos, debemos conocer la vida temprana de Henry Cavanzo. Alguna vez un pariente lo llevó a conocer La Casa del Ingeniero, en el centro de Bogotá, y desde entonces nadie pudo sacarlo de ahí.

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Un día Henry abrió el garaje y uno de los señores que trabaja en el taller vio la máquina y le dijo: “Hermano, eso se parece a unas máquinas que yo tengo allí detrás. Durante 20 años, Henry tuvo miedo de un rumor que le había contado un anciano que trabajaba en Discos Fuentes, para quien las 28 prensas, la consola de masterización, de corte y contorno, y la planta de galvano fueron adquiridas por el narcotraficante Justo Pastor Perafán durante un viaje a Holanda (1990).

En esta versión de la historia Germán Carreño también aparece, pero como asesor musical del ex capo colombiano.

Estamos haciendo una suerte de tour por la casa de Henry, ubicada en el barrio Santa Isabel.

Primero vamos a HC Records, en el segundo piso, que solía ser la habitación de sus papás.

Antes había hecho pruebas con ácido muriático, Diablo Rojo, pero lo único que sirvió fue la Coca-Cola. Las máquinas, una vez estén al cien por ciento, van a poder prensar 4 vinilos por minuto: 2.880 mil discos si se piensa en una producción de doce horas.

Henry ya negoció la materia prima, la cual importará desde Ecuador.

Finalmente, bajamos al primer piso, en donde Henry ha pasado noches enteras los últimos seis años arreglando una de las máquinas con las que Germán Carreño le pagó siete años de arriendo atrasado.

Henry nos enseña paso a paso cómo funciona la prensadora y efectivamente sobre el stamper aún hay un sello de Discos Fuentes. Me parece que ni siquiera Henry conoce toda la verdad.

Supuestamente Perafán compró todo lo que había en la planta holandesa de vinilos: muebles, sillas, parlantes, audífonos…

En pocas palabras y, según esta historia, el narco compró a puerta cerrada y se trajo toda la maquinaria en barco. En un principio, Henry pensó usar las prensas como troqueladoras para hacer hebillas de zapatos y cinturones, pero durante una gira con Totó la Momposina (Cavanzo en el bajo), cambió de parecer.

A los ocho años ya era guitarrista concertista y se ganaba algunos pesos tocando en tabernas nocturnas. Tenía la intención de fabricar un amplificador para su bajo y lo consiguió siguiendo los pasos sugeridos por La mecánica popular, revista mensual que coleccionaba con devoción.